100 juegos

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Si hace año y medio alguien me dijera que en este año iba a jugar a más de 100 juegos diferentes, probablemente me hubiera burlado de él, le hubiera dicho que no hay tantos juegos en el mundo y que aunque los hubiera, sería imposible jugar a tantos juegos y sobre todo que sería una locura.

Ayer, en la quedada besequera de los martes en el Laberinto, pude probar tres nuevos -para mí- juegos:
  • La liebre y la Tortuga: primer juego del año, del lejano 1974, una especie de Oca traducida a Eurogame  que resulta un magnífico juego familiar -jugones abstenerse- con cierta dosis de estrategia y muchos cálculos numéricos.
  • Boomtown una especie de mezcla de Catan con un juego de subastas. Un típico juego de Faidutti que apenas dura media hora, en el que hasta el final del último turno no se sabe quien ganará.
  • Y por último San Marco, uno de los juegos de mayorías más famosos. Una mecánica original y una terrible sensación de estar favoreciendo a los demás en tu contra.
Pues con estos tres nuevos juegos he llegado este año a la cifra redonda de 100 juegos diferentes. Si a esto le añadimos la cifra de 200 partidas de la semana pasada,supone que de cada dos partidas que juego una es a un juego nuevo y otra a un juego al que ya he jugado (o jugaré).

Estos números indican por un lado que juego muchos fillers y por otro que es casi imposible que queme ningún juego.

100 juegos diferentes ¡qué locura! (bendita locura, por cierto).


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